Las Llaves de la Felicidad

En una oscura y oculta dimensión del Universo se encontraban reunidos todos los grandes dioses de la antigüedad dispuestos a gastarle una gran broma al ser humano. En realidad, era la broma más importante de la vida sobre la Tierra. Para llevar a cabo la gran broma, antes que nada, determinaron cuál sería el lugar que a los seres humanos les costaría más llegar. Una vez averiguado, depositarían allí las llaves de la felicidad.

– Las esconderemos en las profundidades de los océanos -decía uno de ellos-.

– Ni hablar -advirtió otro-. El ser humano avanzará en sus ingenios científicos y será capaz de encontrarlas sin problema.

– Podríamos esconderlas en el más profundo de los volcanes -dijo otro de los presentes-.

– No -replicó otro-. Igual que sería capaz de dominar las aguas, también sería capaz de dominar el fuego y las montañas.

– ¿Y por qué no bajo las rocas más profundas y sólidas de la tierra? -dijo otro-.

– De ninguna manera -replicó un compañero-. No pasarán unos cuantos miles de años que el hombre podrá sondear los subsuelos y extraer todas las piedras y metales preciosos que desee.

– ¡Ya lo tengo! -dijo uno que hasta entonces no había dicho nada-. Esconderemos las llaves en las nubes más altas del cielo.

– Tonterías -replicó otro de los presentes-. Todos sabemos que los humanos no tardarán mucho en volar. Al poco tiempo encontrarían las llaves de la Felicidad.

Un gran silencio se hizo en aquella reunión de dioses. Uno de los que destacaba por ser el más ingenioso, dijo con alegría y solemnidad:

– Esconderemos las llaves de la Felicidad en un lugar en que el hombre, por más que busque, tardará mucho, mucho tiempo de suponer o imaginar…

– ¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde?- preguntaban con insistencia y ansiosa curiosidad los que conocían la brillantez y lucidez de aquel dios-.

– El lugar del Universo que el hombre tardará más en mirar y en consecuencia tardará más en encontrar es: en el interior de su corazón.

Todos estuvieron de acuerdo. Concluyó la reunión de dioses. Las llaves de la Felicidad se esconderían dentro del corazón de cada hombre.
llave

Publicaciones Similares

  • Regalos sin remitente

    Os dejamos un breve cuento, sacado de un libro de Jorge Bucay. Una vez,un maharajá que tenía fama de ser muy sabio cumplió 100 años. El acontecimiento fue recibido con alegría, ya que todos querían mucho su gobernante. En el palacio se organizó una gran fiesta para aquella noche y fueron invitados poderosos señores del reino y de otros países. Llegó el día, y una montaña de regalos se amontonó en la entrada del salón, donde maharajá iba a saludar a sus invitados.Durante la cena, el maharajá pidió sus sirvientes que separaran los regalos en dos grupos: los que tenían remitente y los que no se sabía quien los había…

  • La máscara en las relaciones personales

    Muchas veces nos ponemos máscaras para esconder, defender y proteger nuestra intimidad. Lo podemos hacer de manera consciente o inconsciente, como un escudo protector en la vida social. Hay un texto precioso, de Gilbert Brenson, que habla sobre el peligro de no ser auténtico. «Cada vez que me pongo una máscara para tapar mi realidad, fingiendo ser lo que no soy, lo hago para atraer a la gente. Luego descubro que sólo atraigo a otros enmascarados, alejando a los demás, debido a un estorbo: la máscara. Uso la máscara para evitar que la gente vea mis debilidades; luego descubro que al no ver mi humanidad, los demás no me quieren por…

  • Contacto con animales y felicidad

    Las endorfinas son conocidas como la hormona de la felicidad Las endorfinas son unas sustancias (Péptidos opioides endógenos) que produce nuestro cuerpo, de forma natural, para conseguir atenuar el dolor y/o producir una sensación de bienestar. Es por eso que las endorfinas son conocidas también como hormonas de la felicidad. Las endorfinas son sustancias naturales segregadas por el cerebro que tienen la propiedad de hacer que nos sintamos bien. Estas actúan como los opiáceos proporcionando una sensación de bienestar y euforia. Los nervios de la piel pueden liberar endorfinas, por eso los masajes suaves, las caricias, una ducha caliente o tomar el sol te ayudan a sentirte mejor, así como los abrazos,…

  • La real maestría de las artes marciales

    Un día, un maestro de Artes Marciales Norteamericano que vivía en Japón, tomó un tren cerca de Tokio y se sentó en la fila del pasillo. A unos escasos metros frente al lugar donde estaba, se encontraban las puertas del tren. Entre el lugar donde estaba la puerta y sitio donde estaba él, había algunos viajeros leyendo el periódico. A su izquierda había un compartimento con la puerta medio abierta. Él sólo podía ver a aquellas personas que estaban sentadas a la derecha, porque al estar la puerta sólo abierta parcialmente, no podía ver aquellos que estaban sentados a la izquierda. Al llegar a la siguiente estación, el tren se para…

  • Cuento de Sabiduría Indígena

    Enzo, un rico comerciante de Puerto Ayacucho, visita a las comunidades indígenas del Alto Orinoco y se horroriza cuando ve a Orawë, indígena yanomami tumbado tranquilamente en su chinchorro (especie de hamaca) mascando tabaco. – ¿Por qué no sales a pescar? – le pregunta Enzo. – Porque ya he pescado bastante hoy – le contesta Orawë. – ¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas? – insiste el comerciante. – ¿Y qué iba a hacer con ello? – pregunta a su vez el indio. – Ganarías más dinero. De ese modo podrías poner un motor fueraborda a tu canoa. Entonces podrías llegar lejos en el río y pescar…

  • Parábola Acerca de la Confianza en Uno/a Mismo/a

    Un día un sabio maestro recibió la visita de un joven que se dirigió a él para pedirle consejo: — Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar?¿Qué puedo hacer para que me valoren más? El maestro sin mirarlo, le dijo: — Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después… y haciendo una pausa agregó: — si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar. — E… encantado, maestro— titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas. —Bien— asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y al dárselo al muchacho, agregó: — Toma el caballo que…